Es evidente que, en estos momentos de crisis, muchos de los clubes deportivos públicos y privados han visto resentidas sus arcas por bajas de socios y, la mayoría de ellos, están desarrollando diferentes acciones: en primer lugar para conservar lo que tienen y, en segundo, para captar a nuevos abonados que les permitan capear las desbandadas que se han producido, como consecuencia de los ajustes de las economías domésticas.

No es un tema fácil y tiene calado en los hogares y en las familias que con la subida del transporte público, la electricidad, el gas y el agua, han suprimido por lo sano todos aquellos recibos mensuales, por pequeños que sean, de sus pagos habituales y prefieren dejar de practicar deporte o, en su caso, pagar sólo cada vez que lo practican.

 

A más caro, más bajas

Está claro que no supone el mismo coste jugar a la petanca en una plaza pública que al golf en un campo profesional. Es decir: cuanto mayor ha sido el gasto por utilización de instalaciones, mayor es el número de bajas que se han producido. Y precisamente el golf es uno de los ejemplos más paradigmáticos en este sentido, donde clubes de referencia en el sector, (Puerta de Hierro, Neguri o El Prat), han visto disminuir su elenco de afiliados y están haciendo ofertas especiales para captar nuevos candidatos, que quieran pagar unas cuotas altísimas que oscilan entre los 150 y 200 euros mensuales y que, para una familia de cuatro, pueden resultar insostenibles en la actual coyuntura.

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Y no digamos de los campos “comerciales” (aquellos que se paga cada vez que se juega, con unos “green fees” altísimos, entre 70 y 120 euros) que para una pareja jugadora significa un desembolso de más de 300 euros(entre desplazamiento, peajes, gasolina, comida y derecho de juego) en un solo día, y que ahora ofrecen oportunidades de juego con descuentos de más del 50%, después de una gran temporada de vacas godas fomentadas, especialmente, por los paquetes de los “touroperadores” del norte de Europa, que pagaban lo que fuera por jugar al golf en invierno.

 

Otros deportes como la vela o la hípica también se han resentido y la prueba la tenemos en el mercado de embarcaciones, que se ha rebajado en un 40% con respecto a dos años atrás y con muy pocos compradores en el horizonte. El esquí, que ha cautivado a un público más joven de filosofía “carpe diem”, se mantiene en sus coordenadas y, por ejemplo, las estaciones de Andorra y el Pirineo catalán esperaban repetir los 6 millones de “forfaits” vendidos en los últimos años, aunque este invierno cálido y poco húmedo no va a contribuir a ello.

 

Tácticas de choque

Delante de este panorama, la mayoría de los clubes deportivos han adoptado medidas de emergencia para paliar sus tensiones de tesorería. Estas acciones están siendo, en algunos casos, múltiples y, en otros, aisladas y se dividen, como hemos apuntado, en las que están destinadas al mantenimiento del mayor número posible de asociados y a las que se derivan a la captación de nuevos clientes. Entre las que están destinadas a detener el goteo de bajas son las siguientes:

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Congelación, rebaja o supresión de las cuotas de derechos de juego. Todos sabemos que el deporte, en muchas familias, es una tradición casi dinástica y en estos clubes encontramos a núcleos familiares numerosos y, por tanto, diversas cuotas, porque el club no era solamente un lugar de encuentro deportivo, sino también un referente social en su población. Para un matrimonio con tres hijos podría suponerle un desembolso, cada día uno, de entre 350 y 500 euros, algo que muy poca gente quiere asumir en estos momentos. Pero para el club lo más importante de todo es que la gente pague unos mínimos de cuot,a para tener el circulante necesarios para el pago del mantenimiento de las instalaciones y el personal necesario para ellas.

Rebaja en los servicios. Eso incluye, básicamente, las prestaciones en restaurantes y cafeterías con el ánimo de que sigan manteniendo sus costumbres de fin de semana y “sientan la necesidad” de seguir acudiendo al club. Ampliación del número de invitaciones. Destinado a que sus amigos puedan acudir al club un mayor número de veces para convencerse de que sería bueno, también, hacerse socio y ello tiene especial importancia en aquellas instalaciones que disponen de piscina.

Entre las medidas que se están tomando para la captación de nuevos abonados, las más destacables son:

Eliminación de la cuota de entrada a fondo perdido. Es un obstáculo claro, tanto si hablamos de acción o de derecho de juego. Lo que se necesitan son cuotas mensuales que cuadren el presupuesto anual y no obliguen a derramas o endeudamientos. Por poner un ejemplo de una entidad ya citada, podemos referirnos al Real Club de Golf de El Prat de Barcelona, uno de los referentes sociales de la burguesía catalana, donde hace dos años necesitabas abonar 60.000 euros y la recomendación de otros dos socios, y ahora puedes disfrutar de sus 45 hoyos por una cuota trimestral de 450 euros, sin más gastos ni avales, ni necesidad de “pedigree”.

Promociones a colectivos. Vale más la cantidad que la calidad. Se buscan colegios profesionales, gremios patronales, escuelas de negocios o cualquier otro grupo que pueda estar interesado en unos precios especiales, primando, naturalmente, el perfil alto de profesionales como notarios, farmacéuticos, médicos, ingenieros o abogados.

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Bonos de empresa. Se trata de una vieja teoría de origen japonés: la empresa paga la cuota de tres, cinco o siete abonados y con ellas tienen derecho a jugar todos sus ejecutivos y trabajadores.

Además, cada club se apoya en su propia idiosincrasia para programas alternativos, escuelas, actos sociales, etc… que pueden generar ingresos atípicos que compensen las desviaciones presupuestarias a la baja. Así, por ejemplo. El Real Club de Polo, seguramente el mejor modelo de gestión deportiva no sólo en España, sino en Europa, apenas ha notado la crisis en su elenco de 10.300 socios y no ha quitado la cuota de entrada de 24.000 euros, pero si ha visto disminuir sus ingresos atípicos en la restauración, donde se había convertido en un mayorista de actos sociales (bodas, bautizos, comidas familiares, etc), abriendo sus puertas ahora a presentaciones comerciales y todo tipo de actos para mantener el status.

No parece que la tendencia vaya a variar en los próximos años. Las juntas directivas y los ejecutivos de esos clubes tendrán que reinventar sus servicios y replantear sus gastos. Si no, muchas de las entidades que hemos conocido hasta ahora tendrán un futuro muy negro.

 

Equipo de Redacción IESPORT

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