No cabe duda que los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 han supuesto un salto cualitativo trascendental en la historia de la ciudad que, ahora, es uno de los puntos de referencia del turismo mundial que ha descubierto una villa donde se mezclan los ingenios de Gaudí, una playas renovadas y todo un mundo “fashion” que ya existía antes de la cita olímpica pero que era desconocida mayoritariamente por el gran público. Un gran acontecimiento deportivo es, sobre todas las cosas, un acto de promoción para quien y donde se realiza. Es cierto también que el esmero con el que se realice la organización del evento será una llave para el futuro. Nadie puede dudar de la influencia que tuvo Juan Antonio Samaranch en la designación de “la ville de Barcelone” en aquel meeting del COI en Lausanne en Octubre de 1986, pero no es menos cierto que el Comité Promotor de la candidatura, dirigido por el llorado Carlos Ferrer Salat, hizo un trabajo impecable para obtener el mayor éxito del deporte español hasta la fecha.

Y viene esta introducción a cuento por cuanto la organización de un evento deportivo resulta toda una especialidad en el universo de la gestión deportiva y. probablemente, el que pone la nota más alta a quien afrontan este reto.

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Un mundo sin fronteras

Normalmente los grandes eventos deportivos son concedidos por grandes organizaciones internacionales: Comité Olímpico, FIFA y UEFA o las distintas federaciones internacionales que tienen que decidir cual de las candidaturas presentadas (países o ciudades) reúne mejores condiciones para la realización del evento. Estas condiciones se resumen en tres grandes apartados: instalaciones, comunicaciones y alojamientos y eso vale tanto para unos Juegos Olímpicos como para un Gran Premio de Saltos de hípica (CSIO). El primer paso, pues, para obtener la designación se basa en la preparación de un dossier donde se visualicen que esos tres imperativos están cubiertos sobradamente y que la organización es capaz de tenerlo todo a punto para cuando se de el pistoletazo de salida. Es obligado, pues, la creación de un comité organizador que trabaje con el tiempo suficiente para cerrar con garantías todos los requisitos imprescindibles para llevar a cabo el desarrollo del acontecimiento deportivo y ese grupo debe tener expertos, por lo menos, en las siguientes divisiones: puesta a punto y mantenimiento de las instalaciones; árbitros cualificados internacionalmente de manera suficiente; dirección de comunicación para la “media” acreditada; un ágil departamento de intendencia, responsables de los alojamientos de participantes, directivos y periodistas, así como del “catering” para participantes, vips y público en general; un dispositivo médico de primer nivel tanto para participantes como para espectadores y un activo departamento de marketing y patrocinio, capaz de obtener los recursos necesarios para el desarrollo del evento.

En estos últimos tiempos, además y desgraciadamente, la seguridad tiene un peso específico importante para preservar a la competición de posibles ataques terroristas o de los locos con afán de protagonismo. Baste recordar, como ejemplo, la aparición del grupo terrorista Septiembre Negro en los Juegos Olímpicos de Munich. Al respecto de la seguridad puedo introducir una experiencia personal cuando tuve el honor de organizar, contratado por la Asociación de Hoteleros de Mallorca, una eliminatoria de Copa Davis en Cala Ratjada, en febrero de 1997, entre España y Alemania, con un Moyá que acababa de proclamarse subcampeón del Open de Australia. Los alemanes, obsesionados por el apuñalamiento que la yugoslava Mónica Seles había sufrido en Hamburgo el verano anterior, solicitaron un dispositivo de protección digno de un Jefe de Estado, con rayos infrarrojos en las habitaciones de los jugadores y grupos de policías de élite apostados por cada rincón del recinto deportivo.

Con todos estos elementos que hemos descrito ya se puede organizar un gran evento deportivo, que añadirá, según el tamaño, un núcleo de voluntarios dispuestos a representar dignamente a si círculo de influencia. Pero falta un detalle importante que es el dinero, casi siempre cantidades astronómicas que resultan difíciles de conseguir.

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¿De dónde sale el dinero?

Sin duda, las grandes beneficiadas de los eventos son las organizaciones y federaciones internacionales que las conceden: primero porque exigen un “fee” de muchos ceros para garantizar la participación de los deportistas y en segundo lugar –y el más importante- porque son las propietarias de los derechos de televisión nacionales e internacionales que pasan a ingresar sus arcas.¿De dónde salen los ingresos para el organizador local? Ticketing y patrocinio son las fórmulas mágicas –y casi siempre insuficientes- para compensar parte de los gastos derivados de un evento que, digámoslo también, en la mayoría de los casos se hace con un afán de promoción e inversión para un país, una ciudad o un club.

Los ingresos por venta de entradas solo resultan importantes en aquellas citas deportivas que se pueden celebrar en grandes espacios: fútbol, fórmula 1, motorismo, atletismo en pista, alguna competición de baloncesto y para de contar. Incluso el tenis con torneos como el Trofeo Godó o el Masters Series de Madrid resultan irrelevantes por culpa de la instalación de gradas añadidas y fabricación de los palcos, algo que también sucede en los deportes sobre ruedas.

Sin derechos de televisión propios y con un “ticketing” famélico, el patrocinio se convierte en el único instrumento de de ingresos solventes para llevar a buen término la competición. En los últimos treinta años, la incorporación de las zonas Vip’s y village a las competiciones se ha hecho obligado por la necesidad de los patrocinadores de aprovechar su presencia con permanente acciones de relaciones públicas, pero todo ello está ligado a la presencia de las marcas en un lugar preferente en la retransmisión televisada.

Por ello, algunos deportes emergentes como la vela y, sobre todo, el padel, tienen más dificultades para encontrar “sponsors”, debido a su poca visibilidad en la pequeña pantalla y así las dotaciones de sus competiciones nada tiene que ver, por ejemplo, con el tenis o el golf, por cierto uno de los espectáculos deportivos con mayores ingresos televisados, aunque la desaparición de Tiger Woods de los primeros puestos del ranking mundial, tras un escándalo sexual, ha disminuido los precios e, incluso, la presencia de patrocinadores.

Pero lo que es cierto es que sin una aceptable retransmisión televisada, una competición tiene muy pocas posibilidades de sobrevivir y hoy, en plena crisis de patrocinadores, sólo los poderes públicos (estado, comunidades autónomas, diputaciones, patronatos y ayuntamientos) pueden posibilitar la realización de los mismos.

 

Manuel Tarín Alonso

Ex director del diario Mundo Deportivo

 

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