La gestión de la deuda es esencial en todas las entidades deportivas. Un buen trabajo en este campo pasará desapercibido, pero una mala labor puede llevar a la sociedad más sólida a la falta de liquidez y, finalmente, incluso a su desaparición.

Podemos clasificar la deuda en exigible y no exigible, en función de la posibilidad del acreedor de reclamar el pago de la deuda. Dentro de la deuda no exigible incluimos las reservas, los resultados no distribuidos y el capital social de la empresa. Evidentemente a mayor proporción de deuda no exigible frente a la deuda exigible, mayor estabilidad para la empresa. Esto viene definido por el ratio de endeudamiento (Deuda exigible / Pasivo total). Un ratio de endeudamiento que tiende a cero supone una empresa financieramente saneada.

Cuanto mayor sea la proporción de deuda a largo plazo, mayor la estabilidad de la empresa, expresado por el ratio de recursos permanentes. Finalmente, destacamos que la estabilidad financiera de la empresa y los ratios de endeudamiento tranquilizadores son contrarios a los conceptos de apalancamiento, haciendo menos rentables los fondos propios y las inversiones de los accionistas.

Pasamos a repasar las diferentes fuentes de financiación de la deuda.

Créditos

Los créditos, ya sea en forma de préstamos bancarios, no bancarios o empréstitos, constituyen en la mayoría de los casos la fuente de financiación de la deuda más importante en las empresas deportivas.

El crédito bancario puede plasmarse en forma de préstamos a corto, medio o largo plazo. El corto plazo suele consistir en líneas de crédito que permiten a la empresa disponer de liquidez de una forma inmediata hasta un tope máximo fijado a la firma de la póliza de crédito o bien por medio de los saldos deudores que la empresa deportiva mantiene con las entidades bancarias. El medio y largo plazo lo forman créditos con un vencimiento más prolongado.

Generalmente cuanto mayor sea el plazo de vencimiento de la deuda, más cómoda será la situación de la entidad y más favorable para ésta, no obstante, el período de aprobación y las condiciones para la consecución de créditos a largo plazo son más severos que en los créditos a medio plazo, de modo que es frecuente la utilización de préstamos a medio plazo como puente hasta la consecución de financiación a largo plazo. A estos créditos se les da el nombre de préstamos de prefinanciación.

Al margen del crédito bancario hay otras alternativas, como son las emisiones de bonos u obligaciones que pueden adquirir incluso los propios miembros de la entidad deportiva (como ejemplos, las diferentes emisiones de bonos realizadas por los gimnasios DIR para afrontar su expansión o los 75 millones de libras emitidos por el Chelsea FC en Eurobonds para financiar la compra y remodelación de su estadio).

Este tipo de crédito recibe el nombre de empréstito y, en ocasiones, puede amortizarse convirtiendo su valor en acciones de la sociedad. En este caso hablaremos de bonos convertibles.

También se engloban en este apartado los préstamos que algunos benefactores o empresas de su propiedad conceden a entidades deportivas de su agrado.

Estas aportaciones pueden ser con ánimo de lucro e incluso, en algunos casos, a pesar de considerarse créditos llegan a convertirse en donaciones a fondo perdido o casi a fondo perdido si el acreedor no exige la devolución del capital.

Financiación de la deuda con fondos propios

Otra de las vías es la transformación de la deuda en fondos propios. Para ello la entidad cuenta básicamente con dos caminos: el primero de ellos pasa por emitir una ampliación de capital. Esta ampliación de capital podrá ser suscrita por sus actuales accionistas o bien abierta a todos (ver la reciente ampliación de capital llevada a cabo por el RCD Espanyol, con prioridad en la adjudicación para sus accionistas, en segunda instancia para sus socios y finalmente abierta a todos).

En otros casos son los acreedores los que reciben directamente acciones como forma de pago de su deuda. Ese es el más claro ejemplo de eliminación de deuda por medio de la cuenta de fondos propios. Como hemos visto en el apartado anterior, los bonos emitidos por la sociedad pueden ser convertibles en acciones y, de este modo, la transformación de deuda en fondos propios sería automática.

Las ampliaciones de capital pueden llevar asociadas una eventual salida a bolsa (siguiendo con el ejemplo de los gimnasios DIR, recientemente estudió su salida a bolsa por medio de una emisión de acciones cotizadas vinculadas a una ampliación de capital).

La no distribución de beneficios, cuando una sociedad deportiva los obtiene, también es un modo de eliminar la deuda o financiar nuevos proyectos mediante la cuenta de fondos propios. De este modo, los beneficios retenidos pasan al pasivo de la empresa en forma de fondos propios.

En cualquiera de estos dos casos, ya sea mediante una ampliación de capital o bien gracias a la no distribución entre los accionistas de los beneficios obtenidos, la sociedad incrementa la cuenta de deuda no exigible del pasivo de su balance. Esto le permite, en caso de no ampliar su activo, reducir sus deudas exigibles, reestructurarlas o afrontar nuevos proyectos de inversión sin necesidad de endeudarse.

Anticipos de clientes

Los anticipos de clientes son otra de las vías de financiación a corto plazo. Cuando el abonado de cualquier club deportivo (tanto da que hablemos de un gimnasio o de un asiento en un estadio de fútbol) está pagando por adelantado un semestre o un año de su cuota, en realidad lo que está haciendo es anticipar a la entidad el pago por un producto o un servicio que todavía no ha recibido ni disfrutado.

Del mismo modo, seguimos hablando de anticipos de clientes cuando una empresa de catering adelanta dinero por explotar un espacio durante un periodo de tiempo o cuando una entidad deportiva recibe por parte de una empresa un pago a cuenta de los derechos de explotación de su imagen o los derechos televisivos. La empresa que realiza los pagos está adelantando dinero por un negocio que llevará a cabo en el futuro.

En definitiva, en cualquiera de los casos el cliente está anticipando a la empresa un dinero a cuenta del servicio que recibirá en el futuro, pero que todavía no ha recibido. Esta es una forma de financiación de la deuda de la entidad, generalmente a muy corto plazo.

Al contrario de lo que sucedía con otros flujos de caja que permitían adquirir deuda a largo plazo, los anticipos de los clientes no son el medio que mayor estabilidad aporta a la empresa deportiva.

 

Leasing

El leasing es un instrumento financiero que permite a las entidades deportivas afrontar inversiones sin necesidad de recurrir a otra de las fuentes de financiación que ya hemos visto.

El leasing consiste en un contrato mediante el cual la sociedad de leasing adquiere el bien que la empresa deportiva decide –ya sea un bien mueble o inmueble-, y lo cede a ésta para su utilización durante un tiempo predeterminado. A cambio, el arrendatario se compromete a realizar unos pagos periódicos a la sociedad de leasing.

Al finalizar el periodo predeterminado, la empresa deportiva tiene dos posibilidades:

• Ejecutar la opción de compra por el bien, que pasará a ser de su propiedad. Esta opción se ejecutará a un precio que llamaremos valor residual y vendrá determinado por el coste de adquisición del bien, los gastos ocasionados y los intereses, así como los pagos ya realizados por el arrendatario. Generalmente las operaciones se estudian para que el valor residual sea muy pequeño, de modo que casi la totalidad de las operaciones finalizan de este modo con la adquisición del bien por parte del arrendatario.

• La empresa tiene también la posibilidad de no ejercer la opción de compra, caso en que deberá devolver el bien a la empresa de leasing. Esta es la opción menos frecuente.

Este tipo de operaciones tienen como principal ventaja el hecho de ser totalmente deducibles como gastos y en el período de duración del leasing, independientemente del tiempo que la Agencia Tributaria marque para amortizar ese bien. Además acostumbran a ser operaciones de aprobación rápida y mantienen intacta la capacidad de endeudamiento del cliente.

Como contrapartida, la empresa tiene la obligación de cumplir el contrato con posibilidades de penalización y supone un mayor coste frente a la financiación tradicional.

El lease-back es otro de los mecanismos financieros que forman parte de este mismo grupo de operaciones. En este caso, el propietario de un bien lo vende a una sociedad de leasing y, a continuación, firma un contrato de leasing sobre el mismo. De este modo puede seguir disfrutando del bien y, a la vez, obtener liquidez y beneficiarse de las ventajas fiscales del leasing.

Como ejemplo, supongamos que un club deportivo desea equipar sus instalaciones con elementos que debería amortizar en diez años. Si esta sociedad decide pagar este equipamiento con fondos de su propia caja o bien recurrir a un crédito bancario, se encontrará con la necesidad de que pasen diez años para ver el coste de la adquisición deducido de sus cuentas. Por el contrario, si realiza la compra mediante una operación de leasing, supongamos que a cinco años, todas las cuotas serán deducibles desde el primer día y, dado que en la mayoría de los casos la cuota final es simbólica, habrá amortizado el bien en sólo cinco años y no en los diez que la Agencia Tributaria exigía.

 

Equipo de Redacción IESPORT

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