Para los franceses, una visita rutinaria; para el Ayuntamiento de Barcelona, una prueba maestra: El pasado 10 de febrero una delegación del Amaury Sports Organization (ASO) estuvoun día en la Ciudad Condal para conocer la propuesta catalana para 2014. La empresa francesa, que organiza anualmente mega eventos deportivos como el Dakar, la Maratón de Paris, Paris - Roubaix, y el Tour de Francia, pasó por la Ciudad Condal para informarse de lo que ésta le ofrece para acoger el Grand Départ (La Gran Salida) en 2014. La oferta ha de ser importante, puesto que el interés para acoger la salida del evento anual más importante del mundo es grande. Barcelona cuenta con la competencia de fuertes candidatos como Florencia, que conmemora el centenario del nacimiento del mítico corredor Gino Bartali; y Lille, ciudad creciente en el norte de Francia.

Sería la segunda vez que España acoge la celebración de los primeros kilómetros de este espectáculo anual. En 1992, Miguel Induráin se vistió de amarillo después de ganar el prólogo en San Sebastián, y lo luchó durante dos días delante de sus paisanos en las primeras etapas de este Tour. Ojalá, 22 años después, Catalunya sea el sucesor del País Vasco y Barcelona tenga el privilegio de dar la bienvenida a los 200 mejores ciclistas del mundo. No sólo desde un punto de vista deportivo, sino también mediático e, incluso, económico. Porque, como veremos en este artículo, la apuesta por el Tour de Francia suele ser muy rentable.

 

2009, la ola amarilla llega a Barcelona

Si alguien tiene dudas de que el Tour de Francia es algo importante, sólo tuvo que asomarse a las carreteras catalanas en julio de 2009. Pasaba el Tour y la gente se lanzaba a las calles de Girona, de Sant Feliu de Guíxols, de Tossa de Mar, de Lloret, de Pineda, de Cardedeu, de Badalona y, por fin, de Barcelona, donde, por primera vez en 44 años, llegaba la ronda francesa. Desde 2007, cuando el Tour partió de Londres, que no se veía a tanta afición siguiendo el pedaleo del pelotón.

A pesar de la tormenta de verano, alrededor de unas 300.000 personas vieron pasar a los corredores en las calles de Barcelona. 300.000 personas que crearon una ola amarilla que se movió con la misma rapidez que el pelotón y que tuvo como vencedor al noruego Thor Hushovd delante del Estadio de Montjuïc.

Pero no sólo fue Barcelona. En Girona, unas 150.000 personas se reunieron para celebrar la salida y a éstos se unieron los 60.000 espectadores del Maresme y los 50.000 de Badalona. Y al día siguiente, camino de Andorra, otros 200.000 barceloneses despedían al pelotón, seguido por unos 90.000 más en las provincias de Barcelona y Lleida.

El desembolso económico fue considerable: un millón de euros entre los Ayuntamientos de Barcelona y Girona, y la Generalitat de Catalunya. Sin embargo, el impacto económico para ambas ciudades y la región lo superó con distancia:

• El público: sólo en Barcelona, 500.000 personas y unos 350.000 más en el resto de Catalunya, una mezcla de gente local, turistas que ya estaban allí y los que se desplazaron especialmente para el Tour.

• La caravana del Tour: unas 5.000 personas (y 2.500 coches), los cuales pasaron dos noches en hoteles y restaurantes locales.

• Y, por supuesto, la repercusión mediática, que no tiene precio. Casi 200 países vieron las imágenes de Barcelona. El helicóptero de la televisión francesa no perdió detalle: la torre Agbar, la Sagrada Familia y hasta el Camp Nou con la clasificación general sobreimpresionada en las gradas.

Sin embargo, queda claro que la escala del Grand Départ es mucho más grande y no se puede comparar con una “simple” llegada y salida de etapa. Para tener una idea de lo que significa, echaremos un vistazo al impacto económico de la gran salida del año pasado.

 

Rotterdam, el Grand Départ de 2010

En Los Países Bajos ya tienen experiencia en recibir al gran circo del ciclismo. La edición de 2010, que salió desde Rotterdam, fue la quinta que acogió su salida en el pequeño país, conocido por su cultura de bicicleta. Después de años de presión en París y una intensa lucha con otras dos ciudades, ASO le concedió la organización y el pasado 1 de julio se celebraron cuatro días de ciclismo del más alto nivel en la ciudad porteña holandesa.

Después, tocó hacer cuentas: ¿Cuánta exactamente fue la inversión y cuál fue la repercusión pública, mediática y económica? Para tenerlo muy claro el Ayuntamiento encargó dos investigaciones: una sobre el impacto económico y otra entre sus ciudadanos sobre cómo han vivido ellos los efectos de este gran evento.

Con vistas a la candidatura de Barcelona, es interesante analizar los resultados de estas investigaciones para tener una idea de cuánto puede ser el impacto económico en la ciudad.

Las carreras tuvieron más de un millón de espectadores, 865.000 de los cuales vinieron de fuera de la ciudad y 95.000 de fuera del país. No todos vinieron especialmente para la ocasión, pero entre ellos un 17% indicó que se había quedado más tiempo para poder asistir al evento.

En cuanto al alojamiento, se tradujo en unos 24.000 más de lo habitual, con un gasto medio de 62 euros por noche.

En total, los visitantes se gastaron, durante estos días, nada más y nada menos que 18 millones de euros extras en comida, bebida y merchandising. Pero, aparte de los espectadores, la organización ASO gastó 1,1 millones de euros, y los equipos ciclistas y los periodistas de la prensa especializada gastaron 800.000 euros durante su estancia en la ciudad. Si lo sumamos todo, llegamos a una cifra de más de 20 millones de euros en impacto económico directo por parte de visitantes gracias al evento. Además, hay que tener en cuenta los 12,5 millones de euros de inversión directa por parte del ayuntamiento que hace que el impacto total para la economía local haya sido más de 33 millones de euros. Un impacto significativo, sobre todo si lo comparamos con los resultados de la investigación hecha durante la salida del Giro en Ámsterdam dos meses antes, que no superaron los 9,5 millones de euros.

Sin embargo, también hay que reconocer que la asociación de empresarios de Rotterdam ha indicado que sus ingresos han sido menores durante la celebración del Tour. Así que los beneficios no han sido iguales para todo el mundo.

¿Y cómo lo han vivido los ciudadanos de Rotterdam? Porque es cierto que estos grandes eventos causan inevitables molestias para ellos. A pesar de eso, el 85% de los habitantes de Rotterdam está a favor de la organización de este tipo de mega eventos en el espacio público y el 70% se sintió orgulloso de la salida del Tour, valorando positivamente la atención mediática en su ciudad. Incluso las inversiones por parte del ayuntamiento cuentan con la aprobación de la mayoría de la gente. De cara al público, entonces, también fue un éxito. Además, la sensación de seguridad en la ciudad fue más alta durante el Tour que en un fin de semana normal.

Para terminar, los espectadores valoraron las actividades con un ocho sobre diez, una cifra alta si lo comparamos con otros eventos.

 

La Salida del Tour: Una apuesta segura

En todo lo anterior, no hemos mencionado el impacto mediático que tiene este evento para una ciudad. La salida llega a 110 países del mundo y, gracias al formato de la primera etapa, un prólogo, se convierte básicamente en un anuncio mundial de la ciudad, presentado por los mejores ciclistas del mundo.

A otro nivel, pero no menos importante, hay muchas posibilidades para aprovechar el Tour con el fin de mejorar la cultura ciclista. Gracias al proyecto Bicing, Barcelona cuenta con un aumento de ciclistas significativo en los últimos años. Pero, como es normal en una situación de cambios rápidos, también sufre algunas consecuencias de este aumento: ciclistas sin experiencia, infraestructuras que aún no están al nivel necesario y automovilistas y peatones que tienen que acostumbrarse a la gran cantidad de nuevos ciclistas. La excusa del Tour es perfecta para realizar campañas de mejora de esta situación.

Por último, os recordamos que Barcelona no será el único beneficiario; tendrá su repercusión en otras partes de Catalunya. Primero porque la caravana del Tour se moverá desde Barcelona hacia Francia, pasando por la costa, el interior o el Pirineo, atrayendo a espectadores como lo hemos visto en 2009. Y segundo por los que vendrán a ver el Tour en Barcelona, pero que prefieren alojarse en la costa cerca de la capital catalana. Barcelona, con su aeropuerto y el de Girona, es una de las ciudades mejor comunicadas con todos los rincones de Europa y, por eso, es una buena opción para los aficionados al ciclismo para pasar un fin de semana largo durante el verano de 2014.

Naturalmente, el coste de este tipo de eventos es significativo, pero sólo en valor mediático ya vale la pena. Además, hemos visto que en el caso de Rotterdam el beneficio e impacto económico para la ciudad ha sido mucho más alto, y no hay motivos para creer que vaya a ser diferente en el caso de Barcelona.

Ahora toca esperar a la decisión de ASO. Hace dos años experimentaron una gran acogida por parte de los barceloneses. Que sepan que en tres años será incluso mejor.

 

Equipo de Redacción IESPORT

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