Cuando hablamos de deporte en etapas iniciales o formativas, es importante que no nos olvidemos de la importancia que tiene el entorno del niño en su desarrollo, no sólo como deportista, sino también como persona. Es necesario incluir a los padres en este proceso formativo pues son los que pasan la mayor parte del tiempo con ellos, y los que les acompañan en sus éxitos y sus fracasos. Queremos un entorno que si no suma, al menos, que no reste, pero ¿qué puede hacer el entrenador frente a esta cuestión? Pensamos que la entrevista es una herramienta fundamental que si se utiliza bien, puede resultarle al entrenador de gran utilidad.


La entrevista

Cuando programamos una entrevista con los padres, debemos tener muy claras las respuestas a las siguientes preguntas: ¿Con quién la voy a hacer? ¿Para qué la hago o cuáles son los objetivos que persigo? ¿Cómo lo voy o los voy a convocar? ¿Cómo quiero que se dé? ¿Qué estrategia o estrategias voy a utilizar? ¿Qué voy a hacer para que se dé de la manera que he planeado? ¿Cuándo debería tener lugar? y ¿Dónde voy a poder reunirme para conseguir el objetivo propuesto?

Es importante que el objetivo o los objetivos de la entrevista sean pocos y claros, de modo que en caso de desviarnos del tema, poder reconducir la entrevista hacia el tema inicialmente previsto.

La entrevista puede tener múltiples objetivos: poder presentarse y conocerse mejor, salir de las etiquetas preestablecidas de padre/entrenador, facilitar información de tipo organizativo, transmitir expectativas sobre lo que esperamos de ellos a lo largo de la temporada, valorando y reconociendo el papel tan importante que tienen en el proceso formativo de su hijo, conocer sus expectativas sobre el club/equipo/entrenador/hijo para realizar un posible reajuste de estas en caso de considerarlo necesario, transmitir información y formación del funcionamiento del club, explicar la normativa interna y ofrecer alguna recomendación, poner un límite, ponernos a su disposición por cualquier situación que sientan que puede estar afectando a su hijo fuera del ámbito deportivo, facilitar y modificar conductas y actitudes a algún o algunos padres, realizar una devolución de los progresos deportivos de su hijo, reforzando aquellos aspectos de mejora, y añadiendo aspectos relacionados con su comportamiento y actitud dentro del grupo, etc.

Es fundamental que pase lo que pase en la entrevista, ambas partes sientan que no se ha perdido el tiempo. Para que esto suceda, es importante que el entrenador se asegure que se ha cumplido al menos con parte del o de los objetivos de la entrevista, y el padre o la madre tenga la sensación de que se “lleva” algo de la reunión, ya sea a través de información nueva, como de haberse sentido escuchado/a y comprendido/a.

Puede darse que, como entrenadores, nos tengamos que enfrentar a una situación en la que un padre o una madre haya tenido un comportamiento inadecuado o inadmisible. Para que en este caso exista la comunicación, es conveniente que tanto el entrenador como el padre o la madre estén hablando en el mismo idioma, esto quiere decir, que ambos deben poder hablar de lo mismo. Para asegurarnos de ello es recomendable, que ante este tipo de situaciones, el entrenador describa primero la conducta inadecuada motivo de la reunión, y pregunte al padre o la madre si los hechos se dieron de ese modo, si el padre o madre confirman que eso sucedió de esa manera, entonces podemos empezar a comunicar pues entendemos que los dos estamos hablando de la misma cosa. En caso contrario, la comunicación y por tanto, la entrevista, no conseguirá llegar a buen puerto y lo más posible es que se genere un mal clima entre las dos partes.


El caso del padre “entrenador”

El otro día tuve la ocasión de escuchar la entrevista que estaban manteniendo un entrenador con uno de los padres de un jugador de un equipo de fútbol benjamín. El objetivo de estas reuniones era conocer de primera mano cómo los niños estaban viviendo la experiencia deportiva, y poder dar información a los padres sobre cómo estaba viendo el entrenador al niño, tanto en lo deportivo como en lo personal, dentro del grupo.

El entrenador empezó por decirle al padre lo contento que estaba con el comportamiento del niño y a hablarle sobre lo talentoso que era, cuando de repente el padre empezó a decirle que a pesar de que el niño se sentía contento y a gusto, él no se sentía satisfecho con el rendimiento de su hijo, y sabía que aún podía hacerlo mucho mejor de lo que lo estaba haciendo, y que en algunos partidos lo veía como agarrotado, pero que él, como entrenador que había sido, le estaba haciendo algunos entrenamientos. Su intención es que el niño mejore su rendimiento y se pueda ver su mejor versión, porque aún no se había visto ni la mitad de lo que su hijo podía dar.

Ante esta declaración de intenciones, el entrenador se vio sorprendido, pero a pesar de ello, y de manera muy acertada, reclamó su papel de entrenador e invitó al padre a cambiar su actitud y a hacer únicamente de padre proponiéndole dejar de entrenar a su hijo, dejar de hacerle correcciones y de darle consejos durante un tiempo. Aun así el entrenador pasó por momentos de dificultad, en los que se sintió abrumado por la actitud del padre.

La cuestión es que la sorpresa del entrenador fue tal, que la entrevista entre el entrenador y el padre “entrenador” acabó derivando en algunos momentos en una charla entre dos entrenadores que discuten sobre aspectos técnicos y tácticos sobre lo que tenía que mejorar el niño, lo cual, no sólo reforzaba la parte “entrenador” del padre, sino que además el entrenador se convertía en cómplice del padre, al reforzar su idea de que “el niño tiene que mejorar”, otorgándole a éste un estatus de superioridad. Era desde esta posición de superioridad, que el padre se sentía incluso con permiso para poder ofrecer algún consejo al entrenador, y hacerle alguna recomendación de qué y cómo hacer para mejorar el rendimiento de su hijo.


Qué hacer en este caso: alguna recomendación

Este tipo de padres nos los podemos encontrar de manera habitual en los equipos que dirigimos, suelen caracterizarse por tener una gran prisa en que sus hijos aprendan y se conviertan en el mejor del equipo, y aspiran a que algún club o equipo de primera línea los fiche.

En este caso y a pesar de las dificultades, el entrenador supo manejar bastante bien la entrevista, y se mantuvo en gran medida seguro de su rol como entrenador. A lo largo de la entrevista, hubo momentos en los que el padre “entrenador” tomaba las riendas de la conversación, y el entrenador se veía arrastrado por los intereses del padre, perdiendo completamente el control de la entrevista y de la conversación. Es evidente que en la entrevista con los padres de un niño, puede haber diferencia de opiniones, ya sea en relación a aspectos organizativos, deportivos, e incluso sobre las habilidades del niño. En este caso era importante no convertirse en cómplice del padre, y reforzar su argumento de que “el niño no está bien”, pues se deja al niño desprotegido ante la opinión y el juicio de este, y nosotros como entrenadores, no favorecemos que el padre le dé valor, y aprecie las muchas cosas buenas que se le estaba comunicando al inicio de la entrevista.

Ante este caso, el entrenador tuvo la habilidad de reconducir la entrevista y defender su posición como entrenador, y hacerle la demanda al padre de que actuara únicamente como padre. Una posición no reactiva de ponerse a la defensiva, hubiera ayudado al entrenador a comprender mejor la inquietud y necesidad del padre en relación a su hijo, la curiosidad hubiera ayudado al entrenador a desmontar la argumentación sobre el bajo rendimiento de su hijo ,y mantener un diálogo abierto que generara acercamiento entre las partes. Es recomendable no huir del diálogo con la otra parte, seguramente si escuchamos con atención lo que nos dicen los padres podemos entender mejor lo que está sucediendo, lo que no implica que tengamos que estar de acuerdo en todo lo que nos dicen.

Es importante tener claro nuestro rol como entrenadores, sabiendo el lugar que ocupamos y mostrar interés por la información que nos están dando. Aunque no nos guste escuchar lo que nos están diciendo, puede resultar interesante ahondar más en el tema, realizando preguntas y mostrándonos curiosos, evitando las preguntas que empiezan con ¿Por qué? ya que son preguntas que buscan motivos y encasillan, de manera que seguramente nos estemos perdiendo mucha información, que quizás sea importante. Además, siendo curiosos no perdemos nuestro papel, ni dejamos de dirigir la entrevista, sencillamente le damos lugar al otro, y nos sirve para entender mejor la influencia que puede tener ese entorno sobre el niño, para así, poder ayudarle mejor en su proceso formativo.

En toda entrevista es importante estar preparados ante discursos o situaciones que anticipamos pueden darse, a veces incluso nos puede ayudar tener con nosotros documentos del tipo “minutos de juego de todos los jugadores del equipo”, para mostrarselo a aquellos padres que consideran insuficientes los minutos de juego de su hijo. Apoyarse en documentos que creamos, puede servirnos para reforzar la información que le estamos transmitiendo a los padres.

La información que transmitimos debe ser breve, clara y dirigida a su rol como padres. Bajo ninguna circunstancia entraremos a discutir aspectos técnicos o tácticos con ellos, y reforzaremos con un tono de voz tranquilo pero a la vez claro, manteniendo la mirada en su rostro, sin cruzar los brazos, ni realizar gestos ostensibles, y con el cuerpo ligeramente inclinado hacia delante, nuestro rol de entrenador. Si queremos que los padres nos vean como el entrenador de sus hijos y nos respeten, nosotros debemos ser los primeros en respetarnos y mirarnos, viendo al entrenador que llevamos dentro.


Conclusiones

Es habitual escuchar a los entrenadores quejarse del comportamiento de los padres del equipo, y ver como la relación entre ambos cada vez es más distante, de manera que puede afectar sobre el niño y su rendimiento, y por ende sobre el rendimiento del equipo. Esta situación suele generar un clima de trabajo inadecuado para el aprendizaje y el óptimo rendimiento. Todo ello repercute sobre el estado de ánimo del entrenador, que suele acabar decidiendo no relacionarse con los padres y alejarse de ellos, dedicándose exclusivamente a entrenar. Es importante saber qué rol tiene cada uno porque es desde ahí, desde la justa medida, desde donde nos podemos relacionar de manera adecuada con los padres del equipo, y construir entre todos un clima adecuado de respeto mutuo y trabajo, y para ello la entrevista es una herramienta muy útil.

Equipo de Redacción IESPORT

©2010-2014 IESPORT No se permite la reproducción de este documento ni su transmisión en forma o medio alguno, sea electrónico, mecánico, fotocopia, registro o de cualquier otro tipo, sin el permiso previo y por escrito del editor. Iesport no comparte necesariamente las opiniones vertidas por su equipo de redacción en los documentos publicados.

INFÓRMATE SOBRE NUESTROS CURSOS

Colaboraciones

Mantente informado