Actitudes tóxicas en el equipo de trabajo de la entidad deportiva

Actitudes tóxicas en el equipo de trabajo de la entidad deportiva

ACTITUDES TÓXICAS EN EL EQUIPO DE TRABAJO DE LA ENTIDAD DEPORTIVA

1. INTRODUCCIÓN

En el trato entre miembros de un equipo de trabajo en el ámbito de la entidad deportiva pueden surgir roces o actitudes tóxicas donde alguien deje de hablar a otra persona, o de tratarle con respeto pero sin llegar a atacarle o mostrarse violento. Se trata de una actitud pasivo-agresiva que puede llegar a ser un comportamiento muy perjudicial para la entidad deportiva y que hay que saber manejar para que no acabe influyendo en los intereses de la organización.

En este caso vamos a ver en qué consiste esta actitud pasivo-agresiva, para ver posteriormente cuál debe ser el comportamiento del directivo en el trato con el colaborador que se muestra así.

2. EL COLABORADOR PASIVO-AGRESIVO

emocionesCuando desarrollamos algún proyecto dentro de un equipo de trabajo y surge algún roce con un colaborador, quizá un desacuerdo que se anquilosa en alguna discusión que no lleva a ningún sitio, esto puede derivar hacia una situación que nadie desea en la que el compañero de trabajo varía su comportamiento. Deja de hablarnos. No nos tiene en cuenta. Nos interrumpe en las reuniones y no respeta nuestros turnos.

Es decir, se muestra reacio a colaborar con nosotros y, sin evidenciar su rechazo hacia nuestra persona, sí que se enroca en sí mismo y evita el contacto.

Este comportamiento se conoce como pasivo-agresivo y consiste en una actitud de rechazo hacia nuestra persona que se muestra con una hostilidad pacífica. Es decir, no encontramos actitudes violentas ni explosiones en nuestra contra. Tan solo una desidia hacia cualquier cosa que se relacione con nosotros o que implique el contacto y el trabajo directo.

Si afrontamos el problema y pretendemos arreglarlo, la actitud pasivo-agresiva va a negarlo. No hay ningún problema entre nosotros, dirá, todo va bien. Pero su distanciamiento continuará y se acentuará después de haberle avisado que estamos al tanto de lo que está pasando. Es decir, más pasividad, más agresividad muda y, sobre todo, más lejanía e imposibilidad de desarrollar un trabajo común, con lo que la entidad deportiva se verá gravemente afectada.

3. MANTENERSE FIRME

Cuando nos encontramos ante la actitud pasivo-agresiva de alguno de nuestros colaboradores en la entidad deportiva, la primera medida que debemos adoptar es la de mantenernos firmes en nuestra posición y no reaccionar enfrentándonos de manera directa con él. Es decir, lo mejor es no contratacar ni mucho menos ponernos a la defensiva generando una nueva polémica o, incluso, engordando la que ya pueda haber generado él con su comportamiento.

Mantener la calma en este tipo de situaciones y saber enfriar el ambiente nos ayudará a reequilibrar las posiciones. Con esto, rebajaremos la tensión y será más fácil reconducir hacia una nueva situación donde la actitud de nuestro colaborador pueda ser menos incendiaria y no entorpezca el funcionamiento de la entidad deportiva. Y es que si nos dejamos llevar por las emociones en un momento de tensión como éste, nos estaremos situando a la misma altura que el sujeto pasivo-agresivo, con lo que la dificultad para devolver la normalidad al desarrollo de nuestro día a día, será complicado.

26617333-man-hold-paper-with-emotions.jpgEn ese sentido, hay que tener claro qué motiva la actitud tóxica que el colaborador está mostrando y, una vez identificada la causa, afrontar la problemática que nos ha conducido a ella. Es frecuente encontrar causas como la incapacidad para desarrollar algunas funciones, o la frustración, que derivan en este comportamiento pasivo-agresivo que siempre acaba siendo un grave problema para alcanzar los resultados de equipo esperados.

Si detectamos estas causas a tiempo y somos capaces de ponerles solución, la visión del colaborador cambia respecto a la entidad deportiva y la relación con la dirección, con lo que su actitud también se modifica y recuperamos el buen ambiente de trabajo.

Y es que nosotros somos los principales responsables, tanto si la situación tensa se mantiene en el tiempo siendo nociva para los intereses de la entidad, como por el simple hecho de haber permitido que se llegara a ella. Quizá algunas de nuestras acciones han contribuido a generar este comportamiento pasivo-agresivo. Quizá no hemos sido capaces de crear una dinámica de trabajo donde los miembros del equipo se encuentren a gusto, potenciando frustraciones que derivan en comportamientos tóxicos. En todo caso, lo que debemos hacer es trabajar para evitar que estos sentimientos proliferen y sean el germen de conflictos futuros, por lo que hay que ser conscientes en todo momento del grado de responsabilidad que ostentamos y de cómo de influyentes son nuestras decisiones respecto a los miembros del grupo, más allá de las dinámicas de trabajo.

Por eso es interesante ponernos en algún momento en el lugar del otro. Es decir, pensemos cómo pueden sentirse nuestros colaboradores cuando tocan ciertos temas, cuando se relacionan con la empresa bajo nuestra dirección o cuando les pedimos que afronten situaciones en base a lo que nosotros esperamos de ellos.

4. CUIDAR LAS PALABRAS

Para no generar situaciones complejas de gestionar que puedan derivar en mayor tensión de la que seamos capaces de controlar, hay que tener un control estricto del lenguaje en las conversaciones con el colaborador pasivo-agresivo. Y es que si, en un momento límite y siendo conscientes de su actitud reprobable caemos en el error de acusarle, precisamente, de su comportamiento pasivo-agresivo, nosotros seremos los principales afectados. Habremos perdido el control de la situación.

Sí que podemos intentar, por ejemplo, hacerle entender con las palabras adecuadas y desde una equidistancia que suavice el momento, que su actitud está afectando a los intereses de la entidad deportiva. No hay que acusar, por tanto, y sí convencer de que ciertos comportamientos son nocivos para la organización, pero también para sus propios intereses así como para los nuestros.

En ese sentido, resulta siempre muy efectivo mantener conversaciones centradas únicamente en los intereses del grupo, en el trabajo que hay que realizar y en cómo podemos influir en él. Es decir, vamos a obviar todos los aspectos tóxicos de la actitud pasivo-agresiva, sin mencionarlos en ningún momento, para hacer referencia simplemente a los asuntos que nos ocupan y a nuestros objetivos.

la-falsa-voz-el-egoEn estas conversaciones siempre resulta muy útil involucrar a otros miembros de la entidad deportiva, principalmente para que apoyen nuestra posición, pero siempre sin atacar al sujeto pasivo-agresivo. De esta manera podremos confirmar que nuestra visión de la situación es la correcta, que contamos con apoyos en nuestra voluntad de conseguir que el colaborador cese en su actitud nociva y de hacer frente común para tratar de revertir la situación.

En ningún caso debemos caer en el cotilleo, ni en hablar mal o a las espaldas del sujeto pasivo-agresivo, ya que esto podría suponer otro foco de fricción más. Se trata de buscar apoyos, pero no de mero critiqueo destructivo que no conduce a nada más que a otro tipo de situaciones tóxicas.

Cuando se han puesto en común estos problemas respecto a la actitud pasivo-agresivo de algún miembro y todo el equipo es consciente, un paso importante es establecer unas normas generales que afecten al grupo y rijan su funcionamiento. De esta manera se establecen las bases para alcanzar soluciones y evitar problemas que puedan generar una crisis en la entidad deportiva, marcando unas pautas sobre cuáles son los comportamientos esperados y aprobados por el grupo.

5. PROTEGER EL TRABAJO

Existen casos en los que la actitud pasivo-agresiva procede de un colaborador cercano que tiene una influencia directa en nuestro trabajo efectivo del día a día y, por lo tanto, su incidencia en el resultado de nuestra labor puede resultar elevada. Incluso determinantemente negativa, llevándonos a no cumplir nuestros objetivos, si se trata de una influencia tóxica.

En situaciones de interrelación de funciones, lo principal va a ser blindar el trabajo, es decir, proteger nuestra labor para que podamos desarrollar de manera efectiva nuestras funciones sin que se vean afectadas por la actitud pasivo-agresiva de nuestro colaborador o compañero. No hay que dejar que se ponga en nuestro lugar, que nos represente, que hable por los dos o que tenga capacidad para dar nuestra palabra y comprometernos.

Si no hay más remedio que trabajar codo a codo, lo ideal sería incorporar a alguien más al equipo, de manera que la presencia de otras personas rebaje el clima pasivo-agresivo que pudiera generarse. Y es que pese a que resulta muy complicado cambiar los hábitos del sujeto pasivo-agresivo, sí que está en nuestra mano establecer ciertas bases que marquen la relación entre nosotros.

En ese sentido la presencia de una tercera persona siempre ayuda a calmar la tensión, ya que si puede aportar una opinión externa que cerciore está actitud nociva para los intereses de la entidad deportiva, el sujeto pasivo-agresivo quizá se acabe planteando que no está actuando bien. En cualquier caso, contar con un apoyo que certifique estas actitudes tóxicas, se corrijan o no después, es el primer paso para hacerle ver al colaborador que no puede continuar actuando de esa manera.

 

Equipo de Redacción IESPORT

©Enero2017 IESPORT No se permite la reproducción de este documento ni su transmisión en forma o medio alguno, sea electrónico, mecánico, fotocopia, registro o de cualquier otro tipo, sin el permiso previo y por escrito del editor. Iesport no comparte necesariamente las opiniones vertidas por su equipo de redacción en los documentos publicados.

 

Colaboraciones

Mantente informado