La destitución del entrenador, ¿solución ante los malos resultados del equipo ?

la destitución del entrenador, ¿solución ante los malos resultados del equipo?

La destitución del entrenador, ¿solución ante los malos resultados del equipo ?

La teoría es muy bonita. Está impresa en formato analógico o digital. Se consulta en innumerables ocasiones. Se encuentra en libros, en escuelas de negocios y de coaching, en los manuales de buenas prácticas. También puedes bucear por la red y encontrarla en infinitos decálogos colgados en la web, en presentaciones de SlideShare, en emotivos vídeos que tocan la fibra -que corren por Youtube- o en forma de contundentes y escuetas reflexiones de 140 caracteres en Twitter. La teoría es benévola, es quirúrgica, es neutra, es distante y no duele. Pero la cosa cambia bastante cuando esa teoría se tiene que aplicar en casos reales, en entornos con mucha presión y en el que los activos y productos de la empresa en cuestión son futbolistas en su más tardía etapa de formación, el último y más complicado peldaño en la pirámide hacia el deporte de élite. En esos casos, cuando el resultado no acompaña a nivel general, en el punto de mira se sitúa el líder formal del equipo, el entrenador y en muchos casos es su cabeza la que acaba rodando.

¿Solución acertada?

La pregunta que nos planteamos es si la destitución de un Técnico es la mejor solución a una situación difícil o si es una vía para generar un cambio y puede ser peor el remedio que la enfermedad.

Hay innumerables ejemplos en todos los deportes, pero podemos centrarnos en uno en concreto. Es el caso del segundo equipo de futbol del F.C. Barcelona. En el 2010, el Barça B se consolidó como equipo en Segunda A, y en enero de 2015 la situación fue francamente delicada. La derrota 4-0 ante el Zaragoza y estar a tan solo dos puntos del descenso hicieron saltaron unas alarmas que ya estaban encendidas desde hacía algún tiempo. La primera medida que se tomó fue la de destituir en la jornada 24 del campeonato al entrenador, Eusebio Sacristán, cuando aún quedaba toda una vuelta para acabar la Liga. De poco sirvieron los argumentos del ex-entrenador azulgrana, que creía en sus posibilidades para reconducir la situación de un conjunto creado para formar jugadores, la decisión se tomó de forma fulminante y sin previo aviso. Algo muy similar sucedió en el entonces D.K.V Joventut de Badalona en marzo del 2010 donde Sito Alonso fue sustituido por Pepu Hernandez, sin que se produjese ninguna mejora en los resultados de este segundo son respecto a la gran labor realizada por Sito.

¿Tenemos en cuenta el factor humano?

1103-3Siempre que la trayectoria de un equipo va mal nos centramos en los resultados, el estilo de juego, el estado físico de los jugadores, qué táctica se ha estado aplicando… pero pocas veces nos enfocamos en qué relación hay entre la plantilla y su entrenador, con qué valores se está trabajando, si los jugadores y el entrenador tienen claro cuál es su papel dentro de la institución, cómo se comunican las diferentes áreas del club (plantilla, técnicos, directiva), cuál es el ánimo de la plantilla… Todos estos aspectos los puede trabajar un coach deportivo. Y todos estos puntos redundan, sin lugar a dudas, en el rendimiento del equipo como conjunto. La visión desde fuera, permite al coach hacer un diagnóstico de la situación, desde dentro pero con una mirada limpia (sin los sesgos que se viven en el interior del conflicto, desde primera fila). Esa mirada, comprometida con el compromiso del equipo (y no con el equipo en sí mismo), puede colaborar en la búsqueda de nuevas vías de actuación, en la aceptación de la opinión del otro, en clarificar si la estrategia, métodos y acciones que estamos llevando a cabo nos acercan o nos alejan realmente del objetivo que nos hemos marcado. Incluso a veces nos permiten clarificar si el objetivo deportivo y humano está claro (como el caso del filial blaugrana: formar jugadores de fútbol y personas a la vez o nutrir al primer equipo) y si todos los estamentos del club van en la misma dirección.

Somos conscientes que hacemos un ejercicio de ciencia-ficción, ya que no somos ni Eusebio ni coachs, ni psicólogos del FC Barcelona. Así que daremos claves de lo que un coach o psicólogo deportivo podría haber hecho para mejorar el dominio humano en el Barça B y, tal vez, no llegar a la situación en la que se encuentra ahora (tres jornadas más tarde está en descenso, a dos puntos de la salvación).

Detectar los focos problemáticos y de tensión

Por definición, los problemas y las tensiones, si no se trabajan, desestabilizan y dispersan la energía de los individuos y del conjunto. Esta temporada ha habido múltiples focos que han dificultado el trabajo en el filial azulgrana.

Falta de confianza de plantilla y jugadores.

Por una parte, los cambios en la organización del club –la destitución de Andoni Zubizarreta, como director deportivo, en enero- le dejaron sin su principal valedor. Por otro lado los jugadores habían entrado en aburrimiento: “No había ninguna motivación en ir a los entrenamientos. Siempre hacíamos los mismos ejercicios”. En el caso de la directiva, ¿podría haber cambiado algo si se hubiera reunido con el presidente y los nuevos responsables deportivos para intercambiar opiniones, hablar de sus planteamientos y acercar posturas? Referente a sus jugadores, tal vez hubiera creado un clima de más transparencia y concordia si hubiera establecido regularmente un intercambio fluido, de igual a igual, con su plantilla sobre lo que funcionaba y lo que no.

El látigo suele no funcionar.

Una de las máximas de Guardiola, el entrenador más laureado de la historia del club, es que tenía que convencer a los jugadores que sus planteamientos eran los idóneos para conseguir los objetivos de juego y títulos. Frases de Eusebio como “el que piense en este equipo como un escaparate, mejor que salga ya” no ayudaron demasiado. Si en vez de enfocarse en una confrontación con los que no eran partidarias del modelo del club, ¿qué habría pasado si hubiera intentando hacer partícipes a los jugadores de la forma de trabajar y convencerles que era lo mejor para ellos tanto para formarse como jugadores como para poder llegar al primer equipo?

1247-5Detectar el estado de ánimo del equipo.

Si entre tus jugadores hay comentarios estilo “llegó un punto en que nos daba lo mismo ganar que perder”, puede ser que no se haya prestado atención a un estado de ánimo grupal de resignación, en el que te dejas llevar y pierdes totalmente el foco en tus acciones diarias y en el objetivo a más largo plazo. Realizar una actividad de teambuilding para salir de la rutina diaria y poner las bases de trabajo para mover al grupo hacia un estado de ánimo de paz y/o ambición puede ser una opción./p>

El discurso del entrenador no se traduce en hechos.

En el inicio de la temporada, se establece la filosofía, las formas de trabajar y las normas de convivencia. Cuando se rompe la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, se quiebra la confianza. En esos momentos el reconocer un error y una simple declaración como “lo siento” pueden obrar milagros. Nadie es perfecto. Ésta es una forma de demostrar humildad, humanidad y cohesionar así al grupo.

Contar siempre con los mismos.

Esta es un arma de doble filo, ya que la mitad de la plantilla se siente muy importante (y con peligro de relajación) y la otra se siente minusvalorada. Aquí el trabajo consiste en cómo conseguir que lo jugadores estén al 100% tanto dentro como fuera del campo (o incluso en la grada). Porqué solo vemos el trabajo del jugador en el terreno de juego, pero si no estás preparado cuando te toca el turno de saltar al terreno de juego, el equipo se resiente (y mucho). Y cada jugador se motiva de forma diferente, tiene diferentes y únicos resortes que lo activan. Ahí está el importante trabajo del coach o psicólogo deportivo.

Trabajar el presente para alcanzar con garantías el futuro.

Novak Djokovic, actual número 1 del mundo del tenis, lo decía recientemente en una entrevista: “Necesito plantar firmemente los pies en el presente, porque es el único momento al que puedo influir con mis acciones. Lo pasado, pasado está. No se puede cambiar. Lo que pasará está totalmente fuera de mi control. Eso es lo que me funciona en la pista”. Los jugadores del filial viven una brutal dicotomía entre formarse y llegar a brillar en el primer equipo. Hay jugadores fichados muy jóvenes con un plan definido para jugar en primera división en pocos años (Halilovic). Otros deportistas que, por la sanción de Luis Suárez, han pasado de jugar en la glamurosa primera (Sandro y Munir; incluso el hispanomarroquí llegó a debutar con la selección nacional absoluta) a volver al barrizal de segunda, o incluso probar el amargo sabor de la grada. Aquí es crucial el trabajo para que el futuro no se convierta en una brutal bola de ansiedad. Un trabajo individualizado con el coach permite al jugador desactivar los juicios o ideas limitantes que generan esa ansiedad y que pesan como una losa.

¿Y ahora qué?

La olla sigue haciendo “chup, chup”. El responsable del fútbol formativo ha presionado a los jugadores, advirtiendo de las consecuencias si descienden de categoría: "Si bajáis, jugaréis vosotros en Segunda B, no se irá nadie". El club está muy enfocado en el apocalipsis que podría suceder si baja el filial a Segunda B. ¿No sería mejor hacer ver a los jugadores que se encuentran en una situación muy comprometida, la primera de infinidad de situaciones críticas que deberán superar para llegar a la élite del fútbol? ¿Y que tienen la oportunidad de conseguirlo en uno de los mejores clubs del mundo? Porqué una escalera de 10 peldaños se alcanza solo superando el primero ¿no?

 

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