La gestión actual de la motivación en el deporte

La gestión actual de la motivación en el deporte

La gestión actual de la motivación en el deporte

La motivación es un concepto básico del deporte que se ha exportado a organizaciones de ámbitos muy diversos, como el mundo empresarial. Las personas necesitan un aliciente, un horizonte hacia el que avanzar en cada actividad que se realiza. Por ello, la motivación se entiende con un doble significado. Por un lado, es una técnica para impulsar un esfuerzo complejo. Por otro lado, se concibe como la aspiración última que se desea alcanzar con el trabajo realizado.

La utilización generalizada de las técnicas de motivación hace necesario el regreso al punto de partida del deporte. Su aplicación multidisciplinar enriquece el concepto, pero también puede dar lugar a una contaminación de su significado que convierta la búsqueda de la motivación en una práctica traumática para el deportista. Por ejemplo, muchas marcas que comercializan productos deportivos utilizan la motivación como herramienta de marketing. Se intenta comparar al ciudadano medio con los grandes ídolos del deporte mundial. Se pone a estos en situaciones extremas ficticias ante las que siempre salen vencedores. El mensaje que se transmite en muchos casos es que “los mejores siempre ganan” y lo hacen gracias a importantes motivaciones y con la ayuda de otros elementos más o menos relacionados con el trabajo.

Las empresas venden motivación, pero comprarla no garantiza el éxito, sino que puede dar lugar a un efecto contrario: la frustración del cliente. Este hecho es un motivo más para insistir en la necesidad de gestionar la motivación. El auge de la psicología deportiva y el coaching debe proyectarse sobre esta reflexión para encontrar las mejores aplicaciones posibles a todos los niveles. ¿Habría conseguido tantos éxitos individuales Leo Messi sin Cristiano Ronaldo, es decir, sin otra figura de su talla a la que medirse continuamente? ¿Qué motivos pueden hacer que un entrenador se plantee su vuelta a los banquillos después de ganarlo todo?

Pero también hay que preguntarse: ¿qué impulsa al atleta popular a salir a correr cada mañana? ¿Por qué dejarse la piel en un partido de tenis contra un rival muy superior a priori? Este documento pretende responder de forma breve a algunas de estas preguntas, con ejemplos a seguir y consejos sobre prácticas a evitar.


Consejos para una correcta motivación

• Equilibrio: Las técnicas de motivación son muy importantes, se podría decir que fundamentales en algunos casos. Pero eso no significa que sean la única estrategia para preparar un proyecto o una competición y conseguir un objetivo. Se debe alcanzar un equilibrio entre el trabajo de motivación y las tareas de entrenamiento físico y mental propias de cada disciplina. Una excesiva motivación puede dar lugar a un ímpetu incontrolable, a una pasión por la actividad que ciegue a la persona. La motivación no lo es todo, sino que debe usarse para reforzar cualidades previamente desarrolladas con otros métodos. Hay cada vez más entrenadores que utilizan la técnica del montaje de vídeo, y lo hacen basándose en escenas de una película de acción o en imágenes de los logros conseguidos en años anteriores. Esta relación entre lo alcanzado y lo alcanzable sirve de referencia para el camino a seguir.

• Partir de la realidad: En la misma línea que la premisa anterior, la motivación debe conducir a objetivos factibles y lo debe hacer apelando a opciones reales. De nada sirve tomar impulso en un trampolín que no existe o que no es flexible. Lo ideal es apoyarse en lo cercano. Por ejemplo, el corredor va buscando referencias visuales en su camino que se van alcanzando progresivamente y que pueden compensar psicológicamente el desgaste físico.

• Mejorar, único objetivo: La buena motivación debe llevar al deportista a ser mejor, no a ser el mejor. Cuando se aplican técnicas subjetivas, la persona debe implementar todo aquello que esté a su alcance, pero no debe basar sus esperanzas de progreso en factores externos o en errores del resto de competidores o participantes. Ello no impide que la motivación pueda partir de referencias ajenas. Por otro lado, quien aspira a ser el mejor corre el riesgo de encontrar un vacío en caso de conseguir su envidiable objetivo.

• Fijarse en las virtudes del rival, no en los defectos: Para mejorar hay que fijarse en lo bueno de los demás, pero no es aconsejable que la motivación se consiga gracias a destacar o inventar defectos del resto de competidores. El deporte no es una guerra (algo que sí sucede en algunas situaciones de competencia empresarial), sino una lucha de talentos en la que no se busca acabar con el rival, sino mejorar sus logros.

• Enseñar a auto-motivarse Vs Estrategias grupales: La práctica de la actividad física es una acción compleja con múltiples variables que hay que tener en cuenta para buscar las mejores técnicas de motivación en cada caso. Entran en juego factores psicológicos e interacciones grupales que obligan a hacer algunas distinciones. La más importante es la que separa la motivación individual de la motivación colectiva. En la primera, se enseña a la persona a encontrar sus propios incentivos a partir de un proceso reflexivo privado. La función de la persona que acompaña al deportista en estos casos es servirle de guía para que encuentre las mejores ideas posibles, como el recurso a la música o a pensamientos íntimos. Sin embargo, en la motivación colectiva el gestor de grupos humanos tiene un papel más activo. Debe impulsar una comunicación multidireccional y conseguir que todos los miembros del equipo capten un mensaje común. En ocasiones, será necesario un trabajo individual de auto-motivación con algunos integrantes de un equipo para que se sitúen al mismo nivel que sus compañeros y, a partir de entonces, se podrán retomar las técnicas con el colectivo. De esta forma, todos remarán en la misma dirección y, además, con más fuerza.

• La motivación está al alcance de todos: Para motivar no hace falta ser un experto ni que la entidad deportiva tenga un presupuesto desorbitado. Evidentemente, los hechos mencionados son ventajas en toda organización, pero la historia del deporte está llena de buenos motivadores que se forjaron en ambientes humildes. En ocasiones, no hay mejor forma de motivar que recurrir a experiencias vitales intensas que han servido de aprendizaje. Cada persona guarda al menos una lección para sí misma. Por ello, el buen gestor a veces no es el mejor formado, sino el que mejor conoce a su compañero, a su jugador, a su discípulo…

• La motivación lo puede todo: Antes se ha defendido que la motivación no debe ser utópica, es decir, no debe basarse en hechos imposibles ni aspirar a la consecución de lo irrealizable. Sin embargo, sí debe servir para alcanzar logros que, si no son inconcebibles, desde luego que sí resultan sorprendentes. Esto sucede, por ejemplo, cuando el equipo pequeño y modesto le gana al más grande y millonario. La lógica y una comparación objetiva del talento global de ambos equipos hacía pronosticar una goleada en sentido contrario. Sin embargo, en el deporte juegan personas y estas pueden tener motivaciones distintas. Los talentos que sienten la indiferencia, aunque sea transitoria, pueden ser derrotados por otros individuos que tienen más limitaciones pero también sueños más potenciados.


Técnicos deportivos y motivación

En ocasiones, la motivación se analiza como algo abstracto, lejano al mundo cotidiano del deportista. Para evitar esta percepción, el Consejo Superior de Deportes editó la Guía de motivación para técnicos deportivos. La obra está destinada especialmente al deporte escolar, pero puede aplicarse de forma extensiva a otros ámbitos. El texto, además de ayudar a motivar, fomenta valores como la cooperación, la igualdad, el juego limpio o la disciplina. Se insiste en el diálogo entre el técnico y el alumno como una de las recetas del éxito. La comunicación debe ser fluida antes, durante y después de la práctica de la actividad física, algo que no ocurre siempre. Además, se busca que el deportista comprenda por qué realiza cada acción, ya que así entenderá mejor los objetivos.

La guía es de lectura recomendable también para adultos porque les recuerda varias lecciones básicas que aprendieron en la infancia: tener paciencia, no tirar la toalla, aprender a ganar, a sentirse respaldado… Al fin y al cabo, mantener la ilusión y las ganas de aprender y mejorar de un niño es una de las mejores formas de motivación.


Equipo de Redacción IESPORT

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